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Revista Cultural de Excelsior
México-Segunda Época / Julio 1988
Vol. XVII-X
202
Centroamérica
La poesía como destino manifiesto
José Antonio Cedrón
Árbol de muchas raíces, hojas de muchas voces, el tejido exuberante que delineó su cuerpo es motivo de luz insospechada: piedras, melocotones, fuegos, armas de guerra, perlas, animales salvajes que alimentaron pájaros en sus lomos de acecho, labios de luna y manos de un recorrido insomne, contradictorio y lúcido en sus márgenes. Por lo mismo, el seguimiento de esta poética desde el árbol dariano, comporta una insoslayable cohesión contextual.
Cinco o nada
No obstante lo difícil, sinuoso, lleno de atribulados accidentes, la poesía centroamericana ha podido reconocer un camino. El viaje continúa, estrecho por momentos, amplio en otros, atravesado por imprecaciones, defecciones y generosos relevos crepusculares. Frente a la liviandad teórica, los referentes históricos, culturales, de que ella no se revoluciona a sí misma, incontaminada. Tiene motivos, pues como decía Creeley "es imposible que un hombre sea indiferente a lo que lo califica en el mundo", sobre todo en un mundo que ─como veremos─ se ha arrogado tales pretensiones.
Cuando en 1885 el filibustero norteamericano William Walker invadió Centroamérica (y con la venia de su gobierno se proclamo un año después presidente de Nicaragua), la compañía de rifleros que comandaba llevaba una consigna escrita en su estandarte Five or None (Cinco o nada), refiriéndose a Guatemala, El Salvador, Honduras, Nicaragua y Costa Rica. Todavía no se había publicado el Manifiesto Comunista, ni había tenido lugar la Primera Internacional, pero la ocupación se hacía en beneficio de "las tierras del sur prometidas de Dios", como diría Sergio Ramírez hace unos años en Caracas.
Corría 1912 y los marines del presidente norteamericano Howard Taft invaden Nicaragua. Todavía no había triunfado la Revolución de Octubre y los soviets no estaban en el poder, la ocupación entonces respondía al Destino Manifiesto proclamado en defensa de la ahora llamada cuarta frontera imperial.
En 1926 los marines invaden nuevamente el mismo territorio y da comienzo la Revolución sandinista; mister Stimpson, enviado del presidente Calvin Coolidge declara, esta vez desplazando eufemismos, que "hasta hoy, Centroamérica ha comprendido que ningún régimen que no tenga nuestro reconocimiento puede mantenerse en el poder (...) aquéllos que no reconozcamos, caerán".
Si la intervención iniciada hace ciento cincuenta años ha expandido sus fronteras y fundamentos a sangre y fuego, la lucha por la soberanía nacional y su independencia ha ganado conciencia y desarrollo. Bajo este imperativo fue vertebrando su identidad la escritura poética creada en ese marco, por lo que debe verse como un remo que ¾en su especificidad¾ empuja una barca de tradición y búsqueda sobre las aguas de la complejidad cultural que penetran sus costas.
Árbol de muchas raíces, hojas de muchas voces, el tejido exuberante que delineó su cuerpo es motivo de luz insospechada: piedras, melocotones, fuegos, armas de guerra, perlas, animales salvajes que alimentaron pájaros en sus lomos de acecho, labios de luna y manos de un recorrido insomne, contradictorio y lúcido en sus márgenes. Por lo mismo, el seguimiento de esta poética desde el árbol dariano, comporta una insoslayable cohesión contextual.
Desde Darío
Si bien el roble modernista de Rubén Darío introduce una concepción poético-estética que reserva determinado contenido, será la relevancia de esto último, en el doble motivo de influencia, lo que en su desarrollo posterior sostendrá el mayor peso de inflexión en el interior de la poesía centroamericana.
Signada por esa influencia vital, la escritura de Darío entonces se convierte en referente obligado por cuanto vislumbra los alcances de un proyecto y, adicionalmente, no separa la libertad del verso, del poeta.
La poesía centroamericana amplificará su resonancia y el caudal de la misma no se reducirá, pese a las diferentes líneas que ocuparán lugar en la producción posterior. La irrupción de la vanguardia tendrá en su acervo un sitio relevante, y quizás deba a otro nicaragüense, Salomón de la Selva, el inicio del relevamiento. En él se reconoce el embrionario desprendimiento del tronco modernista y su libro El soldado desconocido, de expresión personalísima, abrevará en las fuentes del profundo lirismo y el tono coloquial que auspicia el acceso de la expresión popular todavía en rechazo y, por lo mismo, ausente para la experimentación aldeana de la época.
Prisioneros
Son gente.
De eso no cabe duda.
Gente como nosotros,
que come, que duerme, que se entume, que suda,
que odia, que ama.
Gente como toda la gente,
y sin embargo ¾diferente.
Como les hemos arrancado
todos los botones
caminan agarrándose
los pantalones,
y llevan el cuerpo doblegado.
Pudiera ser cansancio
pero no es eso.
Pudiera ser vergüenza.
En fin, qué nos importa.
¡Son nuestros prisioneros!
Está prohibido darles cigarrillos.
Bien, se los daré a escondidas.
Algunos de ellos debe haber leído
a Goethe, o será de la familia de Beethoven
o de Kant; o sabrá tocar el violoncello...
Salomón de la Selva nació en 1893. Se traslado a Estados Unidos cuando tenía trece años y allá fue adoptado por una familia norteamericana. Escribió su primer libro en inglés Tropical town and other poems, publicado en Nueva York en 1918. Su obra en gestación fue considerada entonces dentro de la valiosa nueva generación de poetas estadounidenses.
De la experiencia vivida durante la Segunda Guerra Mundial da noticia su libro, esta vez escrito en español y publicado en México con ilustraciones de Diego Rivera en 1922: El soldado desconocido.
Secretario del líder obrero Samuel Gompers; conductor en Nicaragua de una audaz campaña en defensa de Sandino en 1930; combatiente en las filas del ejército inglés durante la Primera Guerra; fundador en Panamá de un periódico antiimperialista bilingüe junto con el escritor norteamericano Carleton Beals; vinculado al movimiento sindicalista diplomático; autor de una prosa inédita titulada Prolegómenos para un estudio sobre la educación que debe darse a los tiranos –escribió Ernesto Cardenal–, vivió la mayor parte de su vida en México y murió en 1958 en París, lugar donde años después la deuda vanguardista con Salomón de la Selva sería reconocida por Pablo Neruda.
Un otoño para el Modernismo
La ruptura con el Modernismo acercará nombres cuyo movimiento apasionado de búsqueda caracterizaría lo fundacional de ese desprendimiento. José Coronel Urtecho, poeta, ensayista, traductor, se convertiría en cabeza de puente hacia profundización. Talentoso indagador de literaturas anglosajonas, formado en Estados Unidos, introduce a su trópico nuevos fertilizantes que su tierra transformará originalmente. Si incidencia en la decantación de modelos le valdrá un magisterio sostenido en toda formulación teórica posterior. En 1925 José Coronel Urtecho certificaría fraternalmente su desprendimiento cuando escribe una extensa "Oda a Rubén Darío", subtitulando las tres partes sugestivamente:
I. (Acompañamiento de papel de lija):
Burlé tu león al cabo./ Tú sabes que mi llanto fue de
lágrimas,/ y no de perlas. Te amo./ Soy el asesino de tus retratos.
II. (Acompañamiento de tambores):
He tenido una reyerta/ con el ladrón de tus corbatas/
(yo mismo cuando iba a la escuela)/ el cual me ha roto tus
ritmos/ a puñetazos en las orejas.
III. Final (Con pito):
En fin, Rubén,/ paisano inevitable, te saludo/
con mi bombín,/ que se comieron los ratones en mil
novecientos veinticinco. Amén.
También Manolo Cuadra escribiría después:
¡Cazador de venados! ¡No te ofendas, maestro!/
Era porque llevabas un gran foco en la cabeza/
y porque era ruidosa tu escopeta…/ El mal que nos
hiciste, ¡oh maestro!/ Porque en tus filosofías de
culebra/ guindadas de unas ramas nos dejaste tus mudas/
que vistieron después los papanatas.
Al árbol modernista le llegaba el otoño. De su deshojamiento se encargarían, entre otros, los poetas nucleados en el movimiento de “Vanguardia” que junto a Coronel Urtecho y Luis Alberto Cabrales integraban Pablo Antonio Cuadra, Joaquín Pasos, Alberto Ordóñez Argüello, Manolo Cuadra.
La intensidad de un trozo azul
Si bien esta vanguardia sería la encargada de introducir lo anglosajón por medio de Coronel Urtecho, y Luis Alberto Cabrales hacía al mismo tiempo lo propio con la literatura vanguardista francesa, también reconocerían como: un adelantado en el descubrimiento de su tierra al poeta Alfonso Cortés. Este singularísimo leonés nacido en 1893 viviría en la casa donde Darío pasara su infancia.
Veintisiete años después enloqueció. Fue trasladado al manicomio de Managua donde permanecería encerrado más de un cuarto de siglo. Lo volverían más tarde a su natal León para vivir con sus hermanas. Allí murió en 1969. El poema “Ventana” que escribiera al inicio del segregado espacio de su vida fue motivo inicial de este descubrimiento:
Un trozo azul tiene mayor
intensidad que todo el cielo,
yo siento que allí vive a flor
del éxtasis feliz, mi anhelo…
Reconocido como “precursor”, llamado “capellán de nuestra vanguardia”, este casi desconocido poeta centroamericano, paradójicamente es considerado el más importante después de Rubén Darío en su país.
De su lado, también por ese mismo decenio el guatemalteco Luis Cardoza y Aragón (cuya obra es tan prolífica como significativa en cada género donde incursionó a través de este siglo) forma parte del creativo establecimiento de la cantera transgresional vanguardista.
Lúcido viajero, interrogador penetrante, autor de Luna Park, Maelstrom, Quinta edición, Soledad, entre otros libros, su cercanía con el surrealismo contribuirá a crear una simbiosis que desmontada en la periferia de sus aguas marítimas, alcanzará inigualado crescendo y esplendor.
Complicidades afines se observarán en la hondureña Clementina Suárez, el costarricense Isaac Felipe Azofeifa, el guatemalteco César Brañas, cuyos trabajos fijarán nuevos referentes en el desarrollo de la expresión lírica centroamericana.
No obstante, la revitalizada visión y la incorporación experimental que cimbran las bases del cuerpo poético en sus fibras más sensibles, y aunque una gran parte continuará buceando en clara dirección por las literaturas anglosajonas, griegas y latinas, también se advertirá cómo el avance de preocupaciones sociales comienzan a invadir los puentes de una poética que, por lo mismo, se reconocerá cada vez más hasta hospedar una resonancia que necesita nombrar y, con más o menos rigor, ya no abandonará.
Perfume de la tierra
La crisis mundial de 1929-1932 avecindó con mayor cercanía la dependencia; la vulnerabilidad del mercado agroexportador queda al descubierto y se agitan las aguas estancadas secularmente por el rigor dependiente. Los amos extraterritoriales que inicialmente fueron Inglaterra y Alemania serán desplazados por Estados Unidos.
Las luchas divisionistas interoligárquicas que suceden al interior del marco de la crisis mayor, estrechan el campo cultural hasta reducirlo a la inexistencia. Sin embargo, a la sombra de ese abanico de contradicciones de poder que se potenciará con el estallido de la lucha antiimperialista del general Sandino, la poesía del istmo recogería fragmentariamente el movimiento insinuándose cada vez con mayor apego a las reivindicaciones de insurrección que tenían lugar.
Váyanse, váyanse,/ váyanse,
váyanse, yankees./
Esta es tierra con perfume
sólo para nosotros.
¡Cuántos siglos habrán de
pasar para que vosotros sintáis
como ciertos árboles frutales
llegan hasta el alma…
Váyanse, váyanse, váyanse…
Joaquín Pasos (Desocupación pronta, y si es necesario violenta).
De Pablo Antonio Cuadra se conocería entonces el “Poema del momento extranjero en la selva” (A varias voces):
Tengo que hacer algo con el lodo de la historia,/
cavar en el pantano y desenterrar la luna/ de mis padres.
¡Desata tu oscura cólera víbora magnética,/ afila tus
obsidianas tigre negro: clava/ tu fosforescente ojo ¡allí!/
¡En la médula del bosque! 500 norteamericanos…/
Vienen marchando./ Cantan al paso y caen desde las
altas copas las últimas lunas nicaragüenses/
(Rojas lapas hablan lenguas locas)/ En el corazón de
nuestras montañas 500 marinos con ametralladoras/
Oigo voces/ Túngala del sapo/ Túngala/ Túngala…
Mientras, en El Salvador Pedro Geoffrey Rivas acompaña momentos semejantes. Canta y certifica los motivos de Farabundo Martí.
Las diferentes instancias sociopolíticas culturales que se influyen y dan perfil a cada una de las repúblicas, simultáneamente auspician una constante dramática: la mayor de las veces asfixia, exilio, o muerte. Si bien el perfil que a la hora de la creación comenzaba a caracterizar cada una de estas poéticas en virtud de ese desarrollo diferenciado, se ligarán motivos y temáticas que resumen necesidades semejantes. No obstante, y pese a la vital singularidad de algunos nombres, dentro de estos territorios la poesía conservaba un ejercicio tardío y oscilante entre el modelo romántico y el servilismo encortinado de los repetidores.
Ningún proceso verbal tenía lugar en el interior.
El decadente entreguismo del modelo cultural dependiente, auspiciado por las clases dominantes y la asfixia, podrían resumirse en la frase que Rafael Heliodoro Valle acuñara entonces para su país: “La historia de Honduras puede escribirse en una lágrima”.
No existe todavía un soporte teórico capaz de recoger y articular una expresión literaria coherente hacia dentro del istmo.
La Segunda Guerra Mundial produce un cambio en las estructuras apergaminadas.
Sobreviven dictadores de nuevo cuño, esta vez aureolados por el espacio inquisidoramente democratizador de la potencia aliada, vecina.
Otras voces por un largo viaje
El eco contenidista que provocó Darío volverá a cabalgar sobre la poesía centroamericana, y ésta adquirirá un ritmo gramatical de responsabilidad cada vez más frontal y profundo tanto en sus interrogantes como en sus respuestas. Sus voces comenzarán a oírse., a reconocerse: Ernesto Cardenal, Oswaldo Escobar Velado, Otto Raúl González, Pompeyo del Valle, Eunice Odio, Carlos Illescas, Ernesto Mejía Sánchez, Virginia Grütter, Claribel Alegría, Roberto Sosa, Jorge Debravo, Carlos Martínez Rivas, Roberto Armijo, Fernando Silva, Rafael Góchez Sosa, entre otros.
De todos ellos, por diversas razones, la obra de otro nicaragüense consignará una alto techo de difusión; cercano en más de un sentido al humanismo de la poesía inglesa y norteamericana. Ernesto Cardenal será quien transforme y elabore con el color local de su lirismo la creación del discurso exteriorista. Desde otra frontera, el hondureño Roberto Sosa, con una escritura sustentada inicialmente sobre bases surrealistas, desarrollaría una desnuda voluntad de rigor, notoria en al adjetivación con cuidadas mediaciones hacia lo oral-coloquial de su tierra.
El salvadoreño Roque Dalton encendía otras voces hurgando en nuevas pistas.
“Por estas señales daremos con el fuego”, escribía en Guatemala Roberto Obregón Morales.
La ironía también sutilizaba audazmente la realidad en un otro lenguaje, al tiempo que desdramatiza oportunamente determinadas situaciones de poesía.
Un anticuerpo orgánico se gestaba y cruzaba por las venas endémicas del istmo: la palabra iba al cruce de sus pestes.
Cada vez más calor en las ruedas ardidas de la historia. Nuevas temperaturas cambiarán de lugar las estaciones.
Lo que el imperialismo valida y consagra como un ritual para su área de influencia acabará vulnerado. Las entronizaciones sucedidas en un mismo decenio en diferentes repúblicas conforman un programa épico de dominación que abarcará largos periodos dictatoriales. Las piedras angulares en la instauración del proceso neocolonialista serán Tiburcio Carías Andino, quien gobernará Honduras desde 1933 hasta 1948. Maximiliano Hernández M., El Salvador, desde 1935 hasta 1944. En Guatemala, Jorge Ubico también hará lo mismo de 1931 a 1944, mientras en Nicaragua se produce el ascenso del primer Somoza en 1933, mandato que interrumpe Rigoberto López Pérez al ajusticiarlo tres años después. Costa Rica no resiente el fenómeno en términos semejantes. Pese a ser carne y hueso de este cuerpo, le estaba reservado un espejismo de neutralidad, pero con la misma hambre.
El modelo de posguerra no reemplazará la calidad del rigor para sofocar el legado rebelde; por el contrario, será corregido y aumentado propiciando un expectante reflujo ante la introducción del mismo.
El rostro de este pueblo no cambiará ante el cambio de espejo.
De este suerte, la poesía nacida a partir de los años cincuenta empezaba a poner la vida en las palabras. Al dar cuenta de todo, daba todo su cuerpo: Otto René Castillo, Roberto Obregón Morales, Leonel Rugama, Jaime Suárez, Ricardo Morales, Ernesto Castillo Salaverry, Roque Dalton, entre otros, la tenacidad y la continuación de una poesía en lucha contra el Destino Manifiesto.
Invadida por sobresaltos también vivirá un prolongado e ininterrumpido cruce de fronteras cuyo punto geográfico de mayor confluencia y confrontación se ubicará bajo el difícil y tantas herido esplendor de México, para entonces aún más enriquecido por la gravitación del exilio republicano español.
También sería Cuba quien a partir de su Revolución da mayor estímulo y difusión para el desarrollo de las letras centroamericanas, al que se sumaría Nicaragua desde el triunfo sandinista pese a al reiterada agresión de que es objeto en todos los campos por parte de la administración norteamericana de turno.
El viaje ha sido largo y esta tierra lo sabe.
Diversas floraciones que esplenden de una misma historia siguen teniendo nombre; la poesía acabó por aceptar que ella “no estaba hecha sólo de palabras”. Y salvo el contenido de la consigna extrema de conquista que inscribió en su estandarte William Walker, la escritura es la misma, cinco o nada. Y es otra.
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Plural es una publicación de EXCELSIOR
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Director: Jaime Labastida
Subdirector: Lazlo Muoussong
Coordinador: Víctor Guerrero G.
Secretario de Redacción: Carlos David Malfavón
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Literatura: Juan Bañuelos
Teoría: Antonio Marquet/ Francoise Perus/ Gabriel Vargas Lozano
Artes Plásticas: Teresa del Conde/ Rita Eder/ Ida Rodríguez Prampolini
Música: Graciela Phillips/ Aurelio Tello
Entrevistas: Mauricio Ciechanower
Consejo Editorial: Ricardo Aguilar/ Fernando Alegría/ Sergio Bagú/ Juan Bosch/ Ernesto Cardenal/ Nils Castro/ José Antonio Cedrón/ Antonio Cisneros/ Agustín Cueva/ Néstor García Canclini/ José Arthur Giannotti/ José Agustín Goytisolo/ Saúl Ibargoyen/ Gérar Pierre-Charles/ Renato Prada Oropeza/ Wenceslao Roces/ Alejandro Romualdo/ David Viñas/ Rubén Yáñez
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José Antonio Cedrón (Buenos Aires, Argentina). Publicó los poemarios Viaje hacia todos, La tierra sin segundos, De este lado y del otro, Actas, Cuaderno de tránsito, Vidario, y el reportaje novelado El Negocio de la Fe. Obtuvo el II Premio Concurso Cincuentenario del Periódico Alberdi, Primera Mención Honorífica Premio Latinoamericano de Poesía Rubén Darío, Mención Premio Carlos Pellicer para Obra Publicada en México, y el Premio Nacional de Poesía de México, Sinaloa. Parte de su obra ha sido traducida al francés, inglés, portugués y catalán. Trabajó para la Universidad Autónoma de Puebla durante cinco años, donde seleccionó y compiló el libro Sucesión rectoral y crisis en la izquierda. Autor del capítulo sobre Haití en el libro América Latina, Herida y Rebelde, y de Guatemala: el proceso de diversificación del movimiento revolucionario visto por el PGT. Ha sido coordinador de Ediciones del diario unomásuno, y editor de la revista Este País. Es coautor de libros de texto de Español para la Secretaría de Educación Pública (SEP).
Como investigador realiza actividades para la Subdirección General de Educación e Investigación Artísticas del Instituto Nacional de Bellas Artes (INBA), y tiene a su cargo la cátedra Lengua y Comunicación para maestros que cursan Docencia en Artes en el Centro Morelense de las Artes, en Cuernavaca, Morelos, México.
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El presente trabajo forma parte del libro
La realidad miente más, de próxima publicación
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